La IA no solo escribirá código: rediseñará las interfaces que usamos cada día
Updated on May 13, 2026
Este fin de semana, aprovechando que el domingo estaba lloviendo, me he entretenido en hacer algo aparentemente pequeño: he rediseñado la web antigua de Mercadona.
Suelo hacer la compra en Mercadona desde hace más de 15 años, me gusta el producto y valoro muchísimo poder hacer la compra online. Para mí, ahorrar una hora de supermercado no es solo comodidad: es recuperar tiempo que puedo dedicar a otras cosas como jugar con mis hijos. Y al final, recuperar tiempo es una de las formas más claras de ganar dinero, aunque suene a frase motivacional de taza barata.
El problema es que no todos los clientes de Mercadona ven la misma experiencia online. Según tu zona, puedes acceder a la nueva compra online o a la web clásica. Y la web clásica tiene una experiencia bastante dura. No lo digo solo yo. Juan Roig llegó a reconocer públicamente: “Nuestra página web es una mierda. Lo dicen los clientes y lo dicen los empleados”.
Juan Roig sabía bien lo que decía
La frase es buena porque es honesta, y además llevo años sufriéndolo. Cada 4 o 5 meses busco en Google a ver si Mercadona tiene previsto actualizar el centro de logística que me corresponde. Así que harto de que esto no mejore, se me ha ocurrido lo siguiente;
Si una empresa todavía no me da la interfaz que quiero, ¿por qué no construir una capa encima?
Así que con esa idea me puse con Codex. No he abierto un editor de código en todo el proceso de desarrollo. Fui hablando con la IA usando handy, mi STT favorito, explicándole el problema, revisando propuestas, corrigiendo decisiones y validando el comportamiento.
La solución que tenía en la cabeza era una extensión de Chrome que detecta cuándo estoy en la web clásica de Mercadona y genera una nueva interfaz encima. Esta extensión oculta visualmente el DOM original y construye un DOM nuevo, mucho más usable: productos con imagen, nombre claro, presentación, precio y acciones más cómodas... vamos, una UX más cercana al 2026 que al 2008.
Pero aquí está la parte importante: la extensión no sustituye la lógica de Mercadona. No estoy reimplementando el carrito. No estoy llamando directamente a APIs internas. No estoy intentando adivinar cómo funciona el backend.
Lo que hago es más simple y, precisamente por eso, más robusto. Cada componente nuevo mantiene una referencia al componente original correspondiente. Si en mi nueva interfaz aparece un botón de “añadir al carrito”, ese botón no inventa una acción nueva: delega el clic en el botón original de la web antigua.

El punto es crear un adaptador que consuma el DOM original, así no rompemos nada
Es decir: yo interactúo con una interfaz moderna, pero Mercadona sigue recibiendo una interacción compatible con su página original.
La interfaz deja de ser cerrada
Esto no va de hacer una extensión para Mercadona. Va de algo bastante más grande. Durante años hemos asumido que las interfaces eran propiedad exclusiva de quien construía el producto. La empresa diseñaba una experiencia y el usuario tenía dos opciones: adaptarse o marcharse.
Pero la IA empieza a cambiar esa relación. Cuando crear software se vuelve conversacional, la interfaz deja de ser necesariamente una superficie cerrada. Empieza a ser algo que un usuario avanzado puede adaptar, extender o reconstruir sobre sistemas existentes.
No para piratearlos. No para romperlos. No para saltarse reglas. Sino para ajustar la experiencia a su forma real de trabajar.
Así es como veo ahora la página de compra de Mercadona. ¡Con fotos y todo!
La UX del futuro no vivirá solo dentro del producto oficial
Parte de la experiencia de usuario podrá vivir en adaptadores personales, creados con IA, entre la persona y las herramientas que ya existen. Hoy es una web de supermercado. Mañana puede ser un CRM, una intranet corporativa, una herramienta médica, un panel financiero, un backoffice lento, una administración pública o cualquier software que usamos porque tenemos que usarlo, no porque esté bien diseñado.
Y esto abre una pregunta incómoda para muchas empresas:
¿Qué ocurre cuando los usuarios pueden corregir por sí mismos las malas interfaces?
¿Qué ocurre cuando la experiencia real del usuario ya no coincide exactamente con la interfaz que diseñó la empresa?
¿Qué ocurre cuando el adaptador de interacción más útil no lo crea el proveedor del software, sino el propio usuario con ayuda de IA?
Para mí, este es uno de los cambios importantes que vienen en los próximos meses. Quizás todavía no estamos en ese punto; además de tener ganas de solucionar un problema, una propuesta y dinero para tokens, también se necesita criterio y conocimiento para guiar a la IA.
La IA no solo va a permitir crear aplicaciones nuevas más rápido. También va a permitir crear software pequeño, personal y extremadamente específico; que quizá no tiene sentido como startup o que no necesita escalar a millones de usuarios, pero que resuelve una fricción concreta para una persona concreta.
Aunque esto suene menos épico que “vamos a cambiar el mundo”, es profundamente transformador. Porque hasta ahora muchas ideas pequeñas morían por el coste de implementarlas. No merecía la pena dedicar días o semanas a construir algo para resolver una molestia cotidiana. Pero si puedes construirlo en una mañana hablando con una IA, la ecuación cambia.

Así es como cambia la UI gracias a la extensión de Chrome
La barrera ya no es escribir cada línea de código
Como decía al principio, no he abierto el editor de código para hacer esto. Por lo tanto, la principal barrera a superar pasa a ser entender bien el problema; diseñar una arquitectura sensata, saber qué no tocar, validar que no rompes nada y tener criterio para separar una demo bonita de una solución útil.
Codex no tuvo la idea por mí ni decidió la arquitectura por mí. Tuve que explicarle que quería una extensión de Chrome, que no quería eliminar el DOM de la pagina original, sino simplemente ocultarlo y conectar componentes nuevos, que aplicasen patrones de diseños actuales a los componentes antiguos.
Es más, Codex es bastante malo haciendo el frontend, así que tuve que pedirle bastantes cambios para que todo se viese bien y no se rompiera. Tampoco supo proponer un patron optimistic para mejorar la experiencia al añadir o quitar productos.
Todo esto lo puse yo, y la IA redujo la distancia entre tener una idea y verla funcionando. Y ahí está, para mí, el punto importante.
No estamos entrando solo en una era en la que la IA escribe código. Estamos entrando en una era en la que muchas personas podrán convertir criterio en software. Y cuando eso ocurra, muchas interfaces dejarán de ser definitivas.
Conclusión
El futuro de la UX quizá no sea una única interfaz perfecta diseñada para todos. Quizá sea algo más interesante: sistemas estables por debajo y adaptadores personales entre esos sistemas y cada usuario.
Y una nueva habilidad profesional en medio: saber usar IA para convertir una fricción cotidiana en una herramienta real.